
No soy demógrafo, pero haciendo unas estimaciones sencillas he llegado a la conclusión que si las cosas no cambian en Cuba, entonces para el 2030 la tercera parte de las personas con sangre cubana estará viviendo de forma holgada y digna en las principales ciudades del mundo desarrollado y las otras dos terceras partes se encontrará subsistiendo malamente y en límites extremos de pobreza en uno de los países más miserables de la tierra.
No exagero. Hagan números y coincidirán conmigo. La proporción actual de emigrados -incluyendo descendencia- respecto a la cantidad de residentes en la isla es casi de 3 : 10. La inmensa mayoría de los emigrados viven en ciudades de países ricos y ahí, también de forma mayoritaria, alcanzan niveles de vida similares a los nacionales o cuando menos se mecen sobre la media en cuanto a bienestar y calidad de vida. Todo hace pensar que esa tendencia, de variar, será para ir a mejor. La natalidad entre esta población exiliada cubana es adecuada y si a esto sumamos que la esperanza de vida es significativamente alta en esos lugares, la conclusión lógica es un crecimiento sostenido de la población y hasta un tanto acelerada.
En el caso de la población en la isla, ya hoy en día muestra unos índices muy bajos de natalidad y de seguir la situación actual (o empeorarse cuál es la tendencia natural en aquel país) no sería muy desacertado esperar que la esperanza de vida de la población baje unos cuantos puntos en los próximos lustros. Esto nos llevaría a una proporción aproximada en 20 años de 4 : 12 asumiendo también que el ritmo de emigración mantenga el nivel actual. No hay exageración tampoco al imaginar a Cuba, para esa fecha, situada entre los países más pobres del planeta, de seguir las cosas como están.
Aún aceptando como inexactas estas proyecciones, es una realidad que las dos partes en que nuestra población está dividida llevan trayectorias muy opuestas, una tirando con fuerza hacia niveles altos de renta y bienestar y otra en caída libre hacia niveles insospechados de pobreza. Justificaciones puede dar el gobierno cubano las que quiera ante esta realidad, nos puede inundar de retórica y demagogia, puede culpar al clima, al capitalismo o al mismo diablo, pero eso no cambia esa realidad que se avecina, ni reduce sus consecuencias en una parte importante del pueblo cubano.
Esa distancia -que ya hoy es grande- en la calidad de vida entre una parte de la población y la otra, hará aún más insoportable la angustia de unos y otros pues es característica de nuestro pueblo ser muy familiar y apegado con sus orígenes. Unos sufrirán por lo que no tienen y los otros porque algunos de los suyos no tienen. Además, ese desequilibrio trae inestabilidad social, genera fugas, estimula el abandono del país y termina siendo un elemento más generador de pobreza para el propio pueblo. ¿Podrán entender esto alguna vez los futuros dirigentes cubanos? ¿Podrán hacer algo para evitarlo? ¿Querrán hacerlo?.
Veinte años no es nada, según Gardel. Recemos porque esa cita no se cumpla para nuestro pueblo.
Sr. Gonzalez
España
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