LOS MALES DE LA DEMOCRACIA

Las ideologías, como las religiones, dividen a los hombres en dos bandos, el de los benditos ortodoxos y el de los malditos herejes. Son muchos los recuerdos que tengo de mi infancia donde la discriminación y el rechazo formaban parte de mis circunstancias. Nací en un país que oficialmente profesaba el ateísmo, pero mi familia era cristiana; y para el catolicismo tradicional, como protestante, yo también era un hereje. Aún dentro de mi propia religión, a veces soy considerado por algunos como un hereje, pues no comparto todos los dogmas tradicionales que nos han enseñado. Si bien es cierto que la rama evangélica a la que pertenezco cree que el hombre tiene libertad para interpretar las escrituras según su conciencia, en la práctica, no todos aceptan esto y a veces me arriesgo también a ser rechazado.

Una vez, a mi hermano mayor, que estaba en el Servicio Militar Obligatorio, lo retuvieron en la prisión por más de tres días por haber asistido a una iglesia vestido de militar durante sus horas libres. Años después, a ese mismo hermano, lo expulsaron de la universidad por haber confesado en una entrevista que, como evangélico, no tomaría las armas para defender la patria, pues su condición de cristiano no le permitía matar a nadie; fue considerado como un maldito hereje de la revolución. Aquello fue un golpe profundo para mi madre, que durante los años iniciales de la utopía revolucionaria, había participado activamente a favor de una Cuba mejor. Poco después murió de una enfermedad cardiaca que padecía.

Otra de las tantas historias de discriminación y casi de persecución que me tocó vivir fue cuando, después de una representación teatral infantil en mi iglesia, la hermana que estaba a cargo de la obra decidió sacarnos al frente del templo con nuestros disfraces para tomarnos unas fotos. Pasó por allí un policía en moto y la detuvo llevándola a la jefatura de policía y acusándola de desobedecer la ley que prohibía hacer proselitismo religioso fuera del local de culto. Lo increíble de todo esto es que los niños solo estábamos vestidos con trajes como los que se usan en bodas y quince y no precisamente disfrazados de personajes bíblicos. Tras aclarar el incidente, a la hermana la dejaron regresar a su casa, no sin antes advertirle que no podría volver a sacar a la calle a los muchachos con esos disfraces. Lo cierto es que muchos padres se asustaron con la advertencia y no dejaron regresar a sus hijos a la iglesia.

Recuerdo también, haber sufrido silenciosamente la discriminación por parte de quienes se creían superiores a mí por ser ateos y no creer en mis “supersticiones religiosas”, y que no eran siempre gente “de afuera” sino también de mi propia familia. Un primo mío, que era además mi maestro de sexto grado, le pidió a la directora de la escuela que me llamara a su oficina y me “indicara” de qué manera yo podía abandonar la religión y así poder tener más oportunidades a la hora de escoger mi carrera. También, estando ya en el preuniversitario, un nuevo director del centro donde estudiaba, al enterarse que yo era religioso, me llamó y me preguntó “muy en serio” que cuál era el día en que nosotros, los religiosos, “comíamos mierda”.
Ahora, después de haber vivido varios años fuera de la isla y haber experimentado la democracia —al menos, la latinoamericana—, creo saber cual es su punto débil y qué debería superarse en una futura Cuba libre. Pero sé que lo que diré puede resultar también una herejía. Así que, me estoy arriesgando una vez más a que me quieran mandar a la hoguera.
Desde que vivo en este país —no diré cual, pues mi objetivo es generalizar y no especificar— he notado la enorme influencia que tienen los partidos políticos sobre la gente. La pertenencia o no a un determinado partido, como sucede con las religiones, hace que las personas sean juzgadas erróneamente por los demás. Hay todo un conjunto de clichés que sirven de ejemplo: “El único defecto de Fulanito es que pertenece a tal partido”… “Ese que viene vestido así debe de ser un hijo de p.”… “No entiendo como Menganito puede simpatizar con ése político que es un corrupto”… “Con Zutanito no se puede hablar de política porque siempre termina enojado con uno”… Las personas son clasificadas muy generalizadamente a partir de su identificación política, algo que no se corresponde con la verdad ya que en un mismo partido que profesa supuestamente una ideología definida, pueden existir una enorme variedad de criterios, tantos como personas dicen seguirlo. Y más allá de esa generalización está la verdadera actitud de los políticos, que, una vez llegados al poder comienzan a apartarse, no solo de la ideología de su partido, sino también de las promesas hechas durante su campaña electoral. Después de todo esto, al ciudadano de a pie le queda la sensación de estar viviendo una gran farsa, por demás irremediable, ya que “así funciona el sistema y no hay otro mejor”.

Está claro que algo anda mal; que sí debe de haber otro sistema mejor y, por tanto, todo esto deberíamos superarlo en algún momento. Hay que crear nuevas formas de participación democrática que se basen en el objetivo primordial de un estado que es encontrar soluciones inmediatas y mediatas a los problemas de sus ciudadanos. Esto no sucede porque hay un problema que está aquí: para mí, el papel capital de los partidos políticos en el poder ejecutivo de una nación ya no tiene validez. El modelo presidencialista latinoamericano, copiado de la Norteamérica calvinista, aquí no funciona. Entre nosotros —y, tal vez entre los norteamericanos también—, los partidos políticos deberían solamente desempeñar su función orientadora en el poder legislativo, donde son importantes las discusiones ideológicas, pero, el poder ejecutivo debería ser asumido por personas no políticas, sino profesionales: la llamada “meritocracia”. ¿No es así como funciona el llamado poder judicial?¿¡Es que todos tenemos derechos a ser jueces y fiscales de la nación, o son solo aquellos que se han preparado para esta función?

Aunque parezca democrático, no todos deberíamos tener el derecho a ser presidentes. ¿Por qué un militar como Hugo Chávez, que solo sabe de guerras y enfrentamientos debería tener derecho a ser electo presidente de un país? ¿Y, por qué, un sindicalista como Evo Morales? Ellos no saben de diplomacia, no saben de economía, no saben de administración. Estos dos, han demostrado que guían sus voluntades por intenciones individualistas, ideológicas, por el odio y el rencor que sienten contra otros, sean estos justificados o no. Tienen una utopía que pretenden hacer realidad y se aprovechan de todo el poder que el sistema presidencialista les ha dado para hacer su propia voluntad y no la voluntad de sus pueblos, que son, por ley, los verdaderos soberanos de sus naciones. Pero un presidente es presidente de todo su pueblo y no solamente de sus correligionarios. En nuestros países, si no eres partidario del gobierno, o amigo de algún “gobiernista” no puedes obtener ningún beneficio de las gobernaciones regionales ni municipales. Cada líder regional tiene su “grupito”. La política sigue siendo “politiquería”: hoy estás arriba, así que aprovecha y benefíciate lo más que puedas porque mañana estarás abajo. Con estas divisiones, lamentablemente, un país no puede progresar.

Realmente desearía para una Cuba futura que la función de los partidos políticos se limite solamente a compartir ideas en el parlamento, donde todas las fuerzas ideológicas, ya sean partidos, instituciones religiosas y culturales, ONGs, encuentren a través del diálogo, el “qué” hemos de hacer con el país, pero que dejen el “como” a la gente que en verdad se ha preparado para ello. Mientras esto no se cumpla, seguiremos viendo a los rapaces políticos engañando con falsas promesas al pueblo, mientras se preparan para tomar el poder y hacer lo que más les convenga. Solo cuando comprendamos que dirigir una país no tiene que ver con ideologías dogmáticas sino con métodos pragmáticos, y así liberar a los partidos políticos de esa función, lograremos evitar que nuestras sociedades sigan dividiéndose entre ortodoxos y herejes irreconciliables.

Moises Miranda Delgado

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127 comentarios sobre “LOS MALES DE LA DEMOCRACIA

  1. Señores, querría saber si el Club Bilderberg es el que ha obligado a la policía cubana a hacerle dos tactos vaginales a la mujer de un disidente, embarazada:

    “Con ocho meses de embarazo [Daneysi Gálvez Pereira] fue obligada a desnudarse y le introdujeron un espéculo en la vagina en dos ocasiones, después de que Néstor Rodríguez Lobaina, su hermano Rolando y otros tres activistas de la resistencia interna fueron arrestados.”

    Aquí el resto de la noticia:

    http://www.diariodecuba.net/cuba/81-cuba/2921-tactos-vaginales-inueva-tecnica-represiva.html

    ¿Por fin cuándo empieza la Tercera Guerra Mundial? Digo para ir comprando provisiones y gasolina.

  2. Sr. González
    Agosto 23, 2010 en 11:48
    Hola Raudelis, ya se notaba mucho tu ausencia.Espero que algo nos cuentes de tu visita a la isla. ¿Es verdad que todo está en candela? Saludos.

    xxx

    Hola Sr Gonzales. Gusto en saludarlo. Ya he enviado un post sobre mi visita a Marabulandia, que asi es como Reinaldo ha bautizado al pais del marabu creciente jeje

    voy a enviar por separado varios post pues hay mucha tela por donde cortar y a decir verdad aquello es una enorme contradiccion en si mismo.

    Todos estan desesperados porque la cosa cambie, pero nadie le pondra el cascabel al gato, sino que esperan a que sea el gobierno quien cambie por si mismo.

    Si note muchas cosas diferentes, nuevos paradigmas que intentare reflejar en los post.

    Pero le adelanto que su vision y la mia del asunto marabucero !estan mas que claras!

    Gracias y saludos

  3. Raudelis,presiento que el s.Gozalez me quemara vivo y danzara alrededor de mis cenizas con una botella de Felipe segundo en las manos,jajajajaja!!
    Algo me dice que ya se por donde vienen tus posts,pero bueno,no quiero adelantarme a los acontecimientos.Mas bien voy a ir preparando mi defensa para el juicio sumarisimo que se me avecina,:)

  4. Acabo de ver el video del prof. Abadía. Muy interesante, cómico y claro. Lo único que me parece habría que aclarar es que Freedie Mac y Fanny Mae prestaron mucho de ese dinero a gente que no podía pagar porque el gobierno, (que tiene muchas acciones en esas compañías) decidió que había que rebajar los requisitos de préstamos hipotecarios para que más personas de menos ingresos pudieran comprar casas y cumplir con “el sueño americano”. Para mi, fue una decisión política (bien intencionada, como las que empiedran el camino al infierno) de darle casas a los pobres, una de las cosas principales que contribuyeron al inicio de la burbuja inmobiliaria.

  5. ¿Los vistes los dos Amel?
    El primer video está mucho mas claro que el segundo.

    saludos El Iberico

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