Los demócratas recuperan la Cámara de Representantes de EEUU y el Senado seguirá siendo republicano

Laura Riesta

Ha habido ola azul, pero no con la suficiente fuerza como para arrasar hasta en el Senado. Mal que le pese al presidente de EEUU, Donald Trump, esta vez las encuestas sí han acertado y el país se enfrenta a dos años de clara división de poder y muchos bloqueos a la agenda legislativa del presidente. Según las primeras proyecciones, después de ocho años los demócratas recuperarán la Cámara de Representantes mientras que el Senado seguirá estando controlado por los republicanos.

Aunque el recuento sigue en marcha, el diario de The New York Times otorga ya a los demócratas 213 escaños en la cámara baja del Congreso, muy cerca del umbral de 218 que da la mayoría. A cambio, el partido de Trump consigue ampliar su mayoría en el Senado.

Estos resultados, leídos en clave de examen al presidente, suponen una gran derrota para Trump, ya que implican que los estadounidenses se han movilizado para dejar patente su descontento con su gestión. A falta de los datos oficiales, las largas colas para votar y los nombres de los primeros candidatos confirmados, ponen de manifiesto que EEUU quiere un Congreso con más mujeres y más diversidad racial que nunca. A partir de ahora Alexandria Ocasio-Cortez ocupará un escaño, convirtiéndose en la mujer más joven en hacerlo (con 29 años), como lo harán, por primera vez en la historia dos musulmanas o un gobernador abiertamente gay. Estados Unidos ha hablado y ha plantado cara a Trump.

Al presidente se le complica, por tanto, la reelección en 2020. Además, en lo que le resta de mandato, Trump ya no podrá gobernar a su antojo. Con este triunfo, los demócratas podrán no sólo bloquear iniciativas del mandatario sino también investigar sus finanzas y ahondar en la presunta colusión entre su equipo de campaña y Rusia en 2016. Empieza, por lo tanto,una etapa cargada de incertidumbre, en la que peligran las grandes promesas electorales del magnate: acabar con el Obamacare o el archiconocido muro con México. No sólo eso: se abre la oportunidad tan ansiada para muchos de que incluso impulsen el impeachment, que, eso sí, difícilmente prosperaría, porque necesita dos tercios de los senadores.

La líder demócrata de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, que se convirtió en 2006 en la primera mujer en llegar a la Presidencia de la Cámara Baja, ha sentenciado que “mañana será un nuevo día” para el país.

Pelosi, quien será a partir de enero la presidenta de la Cámara Baja estadounidense, ha insistido en que el logro de los demócratas de esta noche no tiene que ver con las diferencias partidistas, sino con “conservar los valores constitucionales” de Estados Unidos. “Todos hemos tenido suficiente división. El pueblo estadounidense quiere la paz. Quieren resultados”, ha reiterado la demócrata.

Pero, pese a todo, si alguien esperaba que Trump hiciera autocrítica… Nada más lejos de la realidad. El presidente ha valorado las estimaciones como un “tremendo éxito”:

El líder ya se había ido preparando para el varapalo. Los sondeos venían desde hacía semanas avisando del cambio de color de la Cámara de Representantes, por lo que el presidente se ha dedicado a proclamar que su apuesta ha sido apoyar a los candidatos del Senado ya que no puede estar “en todas partes”.

Pero no todo es oro para los demócratas, pese al importante tanto que supone recuperar la Cámara de Representantes, no han podido hacerse con el Senado. Lograr esa victoria era complicado, ya que sólo renovaban 35 de los 100 escaños y la mayoría, 26, eran demócratas. El partido del expresidente Barack Obama ha sumado importante victorias como el hecho de haberles arrebatado a los republicanos Colorado, pero han perdido en estados clave como Indiana, Ohio y la siempre relevante Florida. Qué decir de la batalla por Texas, donde hasta el último momento Ted Cruz y su oponente Beto O’Rourke han mantenido un ajustadísimo recuento. Perder Texas hubiera sido la derrota de su vida para los republicanos, ya que es suyo desde los 80, pero no pudo ser.

Un país cada vez más dividido

Más allá del descontento con Trump, el resultado de los comicios también ha sido un reflejo de dinámicas geográficas: los escaños clave en la Cámara Baja se disputaban en zonas suburbanas donde el presidente es impopular, mientras que la mayoría de los 35 asientos en juego en el Senado se jugaban en áreas rurales que el presidente ganó en 2016.

Aunque los comicios han supuesto una clara victoria para los demócratas, la “marea azul” de la que tanto había hablado la oposición durante se ha quedado a medias, y la alta participación no ha evitado que las urnas volvieran a reflejar, como ya hicieron hace dos años, la profunda polarización en el país.

Por eso, superada ya la cita con las urnas de mitad de mandato, ahora toca mirar a 2020 con una buena estrategia de campaña. Trump buscará la reelección, pero a los demócratas les queda todavía encontrar su estrella. Les será de ayuda, sin duda, una lectura detallada del voto que han cosechado este 6 de noviembre. Un enfoque más social y empático con el votante, así como la lucha por los derechos de las mujeres y de diferentes etnias y religiones, les han dado victorias clave, dando argumentos a todas las corrientes. Su gran reto es sumar la gran diversidad de sus bases y dar con la persona capaz de unir, de nuevo, al país.

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