Cubalandia

Turista en una calle de La Habana Vieja.

Al parecer, Cuba está de moda: ya estamos en Netflix, los t-shirts de “Actually, I´m Havana” se venden como arte y la internet está plagada de páginas dedicadas a extrañas casas de alquiler listas para abducir a los turistas.

(La casa de alquiler cubana es una especie de escenario psicológico definitivo. De los hoteles podemos esperar cualquier cosa: recuerdo un titular de hace algunos años: “Fantasmas ahuyentan a las tripulaciones de Copa Airlines del Meliá Cohiba”, como si Philip K. Dick escribiera el guion de nuestras vidas. El hotel vigilado es lo que “tematizan” escritores foráneos como Ricardo Piglia o Jorge Edwards: “El azogue de los espejos [del Habana Riviera]”, anotaba el chileno en Persona non grata, “era una antena muy moderna, cuya superficie extendida permitía captar hasta los menores ruidos de la habitación. Y las anillas de aluminio que se veían en los sockets de algunas lámparas eran micrófonos”. Y en el caso de Piglia, una entrada de Los diarios de Emilio Renzi (Los años felices), puede activar en nosotros un leve escalofrío: “Encuentro a Virgilio Piñera en el Hotel Habana Libre […] Salgamos al jardín, me dice. Estoy lleno de micrófonos, están escuchando lo que digo”.

Las casas de alquiler devuelven, en contraste, cierta ilusión de albedrío, cierta cotidianidad en estado puro, como una cámara mandando todo directamente al cerebro y luego retransmitiéndolo satelitalmente a una especie de conciencia colectiva extranjera. “Así son los cubanos”, corran.)

No tengo idea de dónde sale todo esto. Seguir la moda, decía David Mamet, es un intento de la clase media por participar en la tragedia. Lo que deseamos es devorar a alguien que haya experimentado lo trágico. Nos vestimos de dril como los granjeros y los presos, de caqui y verde olivo como los soldados, de gris y azul como los peones chinos, de cuero raído como los menesterosos. Somos como aquellos guerreros de la antigüedad que, tras vencer a su enemigo, reñían por arrancarle el corazón aún caliente y comérselo inmediatamente, para así absorber su fuerza. Comerse el corazón constituye un intento muy serio de comprender al otro.

Es un problema cultural. En literatura, la teoría poscolonial se encarga de explicarlo: largas parrafadas respecto a cómo vemos al otro, cómo lo percibimos, cómo las fronteras invisibles que separan las culturas forman y deforman identidades, las bastardean o las inventan de nuevo. Porque en el fondo se trata de un asunto onírico. Los latinoamericanos lo sabemos desde siempre. Desde hace quinientos años somos el sueño mojado o la pesadilla de otra cultura. Nos inventan a cada rato, con cada siglo o generación: antes éramos indios temerarios (Caribes) o putos (Taínos); luego fuimos pseudoeuropeos, luego americanos, guerrilleros cinematográficos, el decorado extraterrestre de una campaña publicitaria de Benetton que nunca fue y ahora no somos nada o somos todo.

“¿Y si América Latina ya no existe?”, escribió Jorge Volpi en medio de la fiebre, “¿Si fuera un espejismo, la obsesión de unos cuantos políticos, una ilusión, la huella de un ideal extinto, una trampa, un hueco, un fantasma o un zombi, una mentira piadosa, un simple sueño? ¿Y si de pronto descubriéramos que, en vez de un rutinario examen de salud, América Latina requeriría una autopsia? ¿Y si América Latina solo fuese, para decirlo dramáticamente, un cadáver insepulto?”

Es una pregunta transversal. Dudamos sobre lo que somos y esa duda nos define. Para Cuba corre lo mismo. Somos la última y más moderna fantasía de occidente y se nos ofrece como una serie de lugares comunes que digeridos configuran una cultura entre cómica y epiléptica: la música salsa, el baile, esa ruina de belleza inexpugnable e inasible que es La Habana, miles de monstruos hipersexuales, un paraíso low tech, los disidentes ágrafos, los zombis de la wifi, los autos-ataúdes, Padura, Pedro Juan y toda esa trata literaria llena de semisuicidas, jineteros y mártires silenciosos, la insoportable levedad de concursos televisivos de dudoso gusto, y la sensación de estar en otra parte, otro planeta, dimensión.

Escribir sobre Cuba —o escribir sobre cintas y libros que hablan de Cuba— nos lleva inmediatamente a esa coctelera de clichés: el cómo diablos leemos una serie de referentes sin la ayuda de un mapa que nos permita comprenderlos. De un traductor o de un guía. La opción A es el exotismo: Cuba como una especie de Westworld: los turistas pagando por experimentar el “socialismo con swing”; un país donde hasta los opositores políticos hacen performances.

La opción B es el pastiche, la parodia y el simulacro. (Recuerdo un episodio de American Dad en el que un dictador nacional impone como única ley bailar hasta la extenuación.) La opción C es la incomprensión, el silencio y el vacío. La opción D es el turismo de izquierda. La cumbia de la Revolución.

Porque Cuba se ha convertido para estas nuevas hordas de turistas en un no-lugar. O en un sitio de caza o ensayo. Hay una historia, “El anillo de Giges”, que procede de La República de Platón. Un estudiante llamado Glaucón narró la historia en respuesta a una lección de Sócrates, quien, al igual que Adam Smith, defendía que la gente es generalmente buena aun sin imposición. Glaucón, discrepaba. Habló de un pastor llamado Giges que encontró una caverna secreta dentro de la cual había un cadáver que llevaba un anillo. Cuando Giges se puso el anillo, descubrió que este lo volvía invisible. Sin nadie capaz de controlar su comportamiento, Giges procedió a cometer actos deplorables: seducir a la reina, asesinar al rey, etc. La historia de Glaucón planteaba una cuestión moral: ¿podría un hombre resistirse a la tentación si supiese que sus actos no tendrían testigos?

El silencio de Castro II

Por Zoé Valdés

Original: Libertad Digital

Un sospechoso silencio se ha cernido alrededor de la figura de Raúl Castro. Nadie lo menciona, pero él tampoco agrega nada desde la muerte de su Hermanazo. Y si él no añade nada, pues nadie más podrá hablar. Y acerca de él mucho menos. Tampoco nadie reprocha ese silencio. Como si nadie echara en falta su desagradable voz entre gangosa y fañosa.

Lejos estamos de aquellas frases elogiosas de los escritores títeres del raulismo light, como aquella tan tratacatana de Wendy Guerra en la revista París-Match –en un reportaje de Laurence Debray, la hija de Régis Debray, que lo mismo escribe sobre el rey Juan Carlos que sobre la hijaza Mariela Castro– creyendo que nadie en Cuba o en Miami iría a leerla: ”Raul a remis l’île au centre du monde, assure la romancière Wendy Guerra. Il n’y a plus de marche arrière possible. Le plus dur est derrière nous“. “Raúl ha vuelto a poner a la isla en el centro del mundo, asegura la novelista Wendy Guerra. No hay ninguna posibilidad de una marcha atrás. Lo más duro está detrás de nosotros”.

Pues bien, se equivocó la señora Guerra con ese olfato de analista política tan extraordinario que al parecer piensa ella poseer: no era precisamente Castro II el que ponía a la isla en el centro del mundo, y la marcha atrás sigue en su trayecto inquebrantable e indetenible hacia el más hondo de los abismos, eso sí toda glamour, boutique Guerlain incluida, con la acostumbrada “valentía contestataria” de los diminutos sombreritos de Guerra que invita, al que la quiera comprar, a creer en el renovado cuento verdeolivo, como se ha creído ella misma de sí misma eso de que para ser escritora hay que llevar ridículos sombreritos enanos encajados en la cabeza. Pero hasta para llevar sombrero hay que tener, más que cabeza, cerebro. Pero echemos a un lado a esta señora, la pequeña eterna, con sus baboserías raulistas.

El asunto es que dentro de unos meses entraremos en el 2018, y no olvidemos que ese será el año en el que Castro II prometió que cedería el poder al vicepresidente, su efebo, Miguel Díaz-Canel. Aunque de eso tampoco se habla, y en todos estos años en que Díaz-Canel lució como vicepresidente en verdad no ha pasado de ser eso: un lucimiento de cara a la galería, y de ninguna manera un verdadero ejercicio de su cargo.

Lo que sí se ha extendido cada vez más entre la población cubana es que Raúl Castro está cada día más convencido de que será su hijo el único heredero, en lo que sería otra sucesión dinástica castro-comunista, y que por lo tanto ya se olvidó de Díaz-Canel y de su encanto tropical. Sí, me refiero su hijo, a Alejandro Castro Espín, aquí tienen su primera entrevista.

También se rumora que otra posible heredera de otro cargo importante sería Mariela Castro, la única mujer del castrismo, en la sombra tras la muerte de su madre, hasta que la bloguera Yoani Sánchez la dio a conocer mundialmente haciéndole unas preguntas en público. Preguntas que fueron debidamente filmadas y transmitidas al mundo entero a través de You Tube, haciéndole por supuesto un bien enorme a la Hijaza, y por supuesto a ella misma, Yoani Sánchez. Quien desde hace algún tiempo se ha alejado del protagonismo que antes la asistía y según ella la protegía para escoger con pinzas sus apariciones e intervenciones públicas. También muy atrás quedaron aquellas aventuras que la convirtieron por obra y gracia de Google en “la mujer más valiente de Cuba”, según palabras de otro bloguero de aquel grupo del que se esperaba liberaría a Cuba de décadas de tiranía.

Otro nombre se baraja en la sucesión hacia el abismo, siempre hacia el abismo, y es el nieto de Castro II, el supernieto, cuyo nombre es Raúl Guillermo Rodríguez Castro, pero al que la gran mayoría conoce como el Cangrejo, o Arnol-Mal, quien se hizo célebre durante la visita de su abuelo a París invitado por el presidente socialista francés, en el Palacio del Elysée. En el momento en que entraba al palacio, sin despegarse un segundo del vejete, tuvo que ser prácticamente empujado hacia atrás por el presidente François Hollande, obligándolo a que retomara su puesto de nieto guardaespaldas.

De manera que de ese silencio de Castro II sólo han trascendido estas noticias que les reproduzco hoy. Juzguen ustedes el panorama que nuevamente se presenta a los cubanos, quienes pienso muy a mi pesar continuarán soportando carnerilmente la maldición de esta familia y la estupidez de sus bufones, esos escribanos adocenados que Gabo y Carmen Balcells ubicaron a nivel internacional con la intención de aplastar y silenciar a los verdaderos escritores del exilio.

Como un terrón de azúcar

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Seguro estoy que nos quedaremos con las ganas de ver caer a la dictadura comunista cubana. Ese evento, brusco, lógico, esperado, fundamentado y programado muchas veces, en el que aquel régimen saltaría por los aires dando paso a un país “libre, democrático y próspero”, ya es absolutamente improbable.

La dictadura comunista cubana se va disolviendo poco a poco, como un terrón de azúcar en una taza de café criollo. En los últimos años se han ido desvaneciendo muchas cosas que nos diferenciaban de los países vecinos, por lo que ya Cuba es casi uno más del entorno. Hasta nuestros argumentos contrarios a aquel estado de cosas son cada vez más endebles. Nos la han ido colando -untada con mantequilla- y todo indica que el futuro traerá más de lo mismo, una lenta y tranquila mutación hacia un país pobre, desigual, despolitizado, digamos que “capitalista”, donde cada cual luchará su yuca igual que lo hacen hoy los dominicanos, los colombianos o los uruguayos. Cuba dejará de ser diferente.

Claro está que aún quedan detalles, pero son menores, como esos del multipartidismo, elecciones libres, economía de mercado, libertad de expresión, lotería y poco más. Pero todo llegará. Los partidos y la fuerza de ellos vendrá dada por el poder y el billete de sus “políticos” y sobra decir quiénes serán sus figuras estrellas, por lo que las elecciones libres serán tan libres que nos ofrecerá apellidos conocidos como vencedores. La economía de mercado también estará liderada por la  misma casta, y así también los grandes medios de comunicación “privados y libres”, el comercio exterior, la futura bolsa de valores, los bancos,….., digamos que todo o casi todo, que algo quedará para los demás.

Regresemos ahora a la idea inicial para ver cuánto lastre ha ido soltando en los últimos años nuestra legendaria dictadura comunista…. (gracias, dicho con ironía, al Coco Fariñas y al resto de los disidentes destacados):

,- Toda la ideología que sustentaba al régimen, los discursos, los líderes carismáticos, las consignas y pancartas, el internacionalismo, el lavado de cerebro, la exportación de la revolución, el odio al consumismo y otras lacras del capitalismo, el imperialismo como enemigo central, la emulación como motor productivo, el trabajo voluntario, las guardias, la moral socialista, la creación del hombre nuevo, las mesas redondas, las marchas combatientes, las concentraciones populares, el permiso de salida, la tarjeta de racionamiento, la pena de muerte, el encarcelamiento de disidentes, el Estado como único empleador y dueño de los medios productivos, la prohibición de ventas de casas y otros bienes, …………..

,- También han ido aligerando otras cuestiones que antes eran básicas, como el trabajo de los CDR, de los sindicatos y otras organizaciones. La policía y los cuerpos represivos son muy tolerantes con los “gusanos” y hasta permiten hacer una balsa en el patio de la casa o poner una banderita de USA en el portal, o escribir un artículo crítico y divulgarlo por internet, o dar una conferencia contraria al régimen en Miami. Permiten y propician el seguimiento del deporte profesional internacional, disimulan ante los que juegan la bolita cada día, no persiguen a los que tienen un nivel de vida alto o tienen algunos miles de dólares en los propios bancos del estado, ni siquiera critican o discriminan a los que son fieles de la iglesia, ni les tienen manías a los gays y lesbianas, ni a los gusanos que abandonamos la patria, ………….. Han ido desapareciendo muchos de aquellos viejos prejuicios.

,- En el aspecto internacional ya no son ni la sombra de lo que fueron, relaciones con todos los países, comercio, no se meten en bretes, ni exportan guerras, ni guerrilleros, se prestan como mediadores de conflictos ajenos, se llevan bien con los buenos y con los malos del mundo (como una Suiza caribeña), tratan de pagar sus deudas, se sientan en la OEA y se olvidan de los No Alineados, atienden mejor a un viceministro francés que a presidente africano, reciben o visitan a Papas, o al presidente de USA, ya no les condenan en Ginebra, ni son usados como el ejemplo “malo” por otros países. Ya ni se reconocen como “refugiados políticos” a los isleños que escapan de la isla, ni siquiera así los reconoce USA, ya permiten la entrada de figuras importantes del arte o la sociedad occidental y propician sus actuaciones, ya gritan poco por los palestinos, por las “injusticias” de Latinoamérica o por los negros presos de USA,     

Yo aún la llamo “dictadura comunista”, pero sé que estoy equivocando el término. Hoy en día ni es comunista ni apenas es dictadura. Resulta un estado fallido, autoritario, dueño del país, ineficiente y con un solo partido político. Y este engendro irá evolucionando cual crisálida de primavera hacia una “democracia latinoamericana” más, si lo desean y cuando lo deseen los herederos.

,- Irán privatizando empresas nacionales que dejarán mucho billete a distribuir, lo mucho para herederos, lo poco para la gente, pa’ guardar la forma, pa’ que no hablen, pa’ que sea legal de cara al futuro  

,- Irán permitiendo a los “Cocos y Bertas” que hagan sus partiditos y compitan con el de ellos

,- Permitirán que las “Yoanis” se monten sus imprentas y revistas privadas y escriban sobre lo que quieran. Los grandes medios de comunicación ya estarán en “buenas” manos…. Y escribirán también según sus intereses

Así, una a una irán desmontando las diferencias, de tal suerte que el pasado irá quedando borroso e iremos olvidando ese famoso dia D tan esperado durante décadas.

Catalán.

¿Para quien es el guiño de Trump?

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El presidente parece inclinarse hacia un cambio de  imagen dirigida fundamentalmente a la comunidad latina. En la semana que se esperaba el anuncio de nuevas medidas anti-inmigrantes el mandatario muestra una imagen mas “dócil” hacia latinoamerica en medio del escándalo de las relaciones con Rusia.

En estos últimos días se ha visto al mandatario mas involucrado en temas relacionados con latinoamerica, la foto de Trump con su vicepresidente, la venezolana Lilian Tintori y el cubano americano Marco Rubio tienen un mensaje subliminal para el gobierno venezolano, pero a su vez envía otro a sus aliados sudamericanos.

La designación de un hispano, el cubanoamericano Alexander Acosta, como nuevo candidato a secretario de Trabajo no solo pone fin a la critica por la ausencia de hispanos en su gabinete sino que también le da un espaldarazo a la comunidad cubana del sur de la florida, clave  en su victoria en el Estado.

Por último, parece que los ataques calentitos que intercambiaron Mr Trump y el senador cubano americano Marcos Rubio en la campaña presidencial ya quedaron en el olvido, Rubio es el primer legislador invitado a una cena privada en la Casa Blanca.

A juzgar por estas noticias queda claro que el senador cubano americano Marco Rubio se ha convertido en el principal consejero de Trump en temas relacionados con latinoamérica y que el presidente se dejara guiar mientras le interese. ¿Moderará Trump su lenguaje hacia México y latinoamérica? Eso esta por ver.

ErnestoRM