HAMBRE DE HUELGAS

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Por: Eugenio Yáñez

Tomado de: www.cubanalisis.com

En las últimas semanas el tema de las huelgas de hambre en el entorno cubano, fundamentalmente la más reciente de Guillermo “Coco” Fariñas, su credibilidad y factibilidad, las limitaciones fisiológicas de ese tipo de huelgas, y las consideraciones éticas y morales alrededor de las mismas, ha estado en el candelero del anticastrismo y de la discusión popular, no solamente en Cuba y en Miami, sino prácticamente en cualquier lugar del mundo donde se encuentre un cubano.

 

Algunos antecedentes a las huelgas de hambre en Cuba en tiempo de los Castro

 

En la historia de Cuba bajo “la revolución” ha habido 13 casos de cubanos, prácticamente todos en las ergástulas castristas, que llegaron hasta las últimas consecuencias con sus huelgas de hambre y fallecieron sin poder lograr sus objetivos. Los registros mencionan a Roberto López Chávez, Luis Álvarez Ríos, Francisco Aguirre Vidarrueta, Carmelo Cuadra Hernández, Pedro Luis Boitel, Olegario Charlot Spileta, Enrique García Cuevas, Reinaldo Cordero Izquierdo,  José Barrios Pedré, Santiago Roche Valle, Nicolás González Regueiro, Orlando Zapata Tamayo, y Wilman Villar Mendoza.

 

Para el régimen y sus cómplices, todos eran presos comunes, vulgares delincuentes, pero todos se enfrentaron a la dictadura, la retaron, y se mantuvieron firmes en sus esfuerzos hasta fallecer exigiendo lo que consideraban justo, lo que de hecho los convierte en víctimas del régimen, independientemente de las causas por las que hayan ingresado en prisión, y sin olvidar que para la dictadura no existen adversarios decentes ni delitos políticos, y todos los que se le enfrentan son considerados delincuentes comunes, aunque sean prisioneros políticos de la gigantesca estatura moral de Huber Matos, Mario Chanes de Armas o Gustavo Arcos Bergnes.

 

Por consiguiente, el caso de la reciente huelga de Guillermo Fariñas requiere un análisis serio y sopesado, sin consideraciones ideológicas ni pasiones desbordadas, para poder entender objetivamente el fenómeno y no ser víctimas de trampas o de emociones desmedidas. Ni proyecto defender al huelguista ni mucho menos intentar hacerlo polvo, como han pretendido algunos, sino tratar de poner las cosas en su lugar y verlas desde diferentes ángulos y sin prejuicios, para poder llegar a conclusiones razonables.

 

Porque, evidentemente, pensemos lo que pensemos del caso que nos ocupa, es irrefutable que fue alcanzando un nivel mediático que no se puede desconocer, involucrando desde funcionarios diplomáticos acreditados en La Habana hasta legisladores estadounidenses y políticos europeos, lo que, como es comprensible, no resultaba para nada agradable a Raúl Castro y la camarilla en el poder en Cuba.

 

Las fieras al servicio del régimen contra el huelguista

 

Basta con ver la furia, casi patológica, con que fundamentalmente en las plataformas digitales se lanzaron contra Guillermo “Coco” Fariñas y su huelga de “hambre y sed” no solamente los propagandistas y alabarderos al servicio del régimen en la isla -que allá les llaman periodistas- sino también el odio visceral con que lo han atacado los troles castristas ensartados permanentemente en las publicaciones en la red de redes que se comportan más o menos críticas con el gobierno cubano.

 

Lo más común en todos esos ataques es la total ausencia de argumentos y la prolijidad de insultos, descalificaciones e intentos de desprestigiar a Fariñas, acusándolo de cualquier cosa y de todos los pecados habidos y por haber.

 

También lo han embestido tanto como desde La Habana diversos gacetilleros y cagatintas que se venden en el sur de Florida como “analistas” políticos, aunque en realidad, dados sus resultados e impacto, tal vez deberían dedicarse a realizar análisis de orina o heces fecales, profesión respetable y muy necesaria en el campo de la salud, en la que pudieran, si fueran serios en su trabajo, evitar hacer tantos ridículos como acostumbran cuando se dedican al tema de Cuba.

 

Se trata, simplemente, de personajillos que no tienen límites morales, y son capaces de cualquier cosa cuando se trata de pujar para asegurarse la palmadita en la espalda desde La Habana y el correspondiente permiso para visitar la isla, y hasta sueñan con instalarse algún día con una corresponsalía en la isla, como si realmente fueran “periodistas” o “comentaristas políticos”.

 

También resulta muy poco alentador, sin embargo, que diversos cubanos definidamente anticastristas hayan lanzado igualmente furibundos ataques contra Fariñas, acusándolo de un sinnúmero de cosas, entre ellas la de ser un agente del aparato de seguridad castrista. Naturalmente, si lo fuera merecería toda la repulsa y el desprecio de los cubanos, tanto de los que lo han apoyado hasta ahora como de los que lo han ignorado, pero mientras no existan evidencias sobre eso, y todo continúe manteniéndose a nivel de especulaciones y adivinaciones, sumarse a esa comparsa no parece lo más apropiado.

 

Una cosa sería alertar sobre una determinada posibilidad de algo de ese tipo, aportando elementos para el análisis, y la otra asumirla como algo comprobado y lanzar toda la artillería sobre el huelguista, sin darle incluso la oportunidad de exponer sus puntos de vista. Algo, indiscutiblemente, no demasiado democrático que digamos.

 

A pesar de eso, lo anterior no puede lanzarnos a una defensa irresponsable de Fariñas o a justificar inconsistencias y aspectos no suficientemente transparentes de su conducta, porque por el solo hecho de que los chicos malos bajo las órdenes de La Habana ataquen a alguien eso no significa que a ese alguien haya que considerarlo automáticamente como un arcángel situado más allá del bien y del mal, ni tampoco que en este debate sea necesario justificar todo lo que haga o pueda hacer, simplemente para chocar “con los Castro”. Ese no es el camino del razonamiento y la búsqueda de la verdad que nos interesa, sino más bien el de la “contrainteligencia” en el sentido más literal y exacto de la palabra.

 

La huelga de hambre y sed de Fariñas

 

Lo primero que habría que destacar son dos cosas muy concretas:

 

1)      Las demandas en una huelga de “hambre y sed” -como en cualquier reclamación que se intente en cualquier campo- no pueden ser excesivas ni dispersas, y deberían tener como condición indispensable que quienes debieran concederlas pudieran hacerlo sin desprestigiarse. Por consiguiente, demandas que no se enmarquen entre parámetros realistas terminarán siendo absurdas y nunca podrán materializarse.

 

2)      Nadie está obligado a involucrarse en una huelga de hambre, y aún cuando lo haga, nadie tiene derecho a exigirle al huelguista que llegue hasta el final y sea capaz de fallecer si no se conceden sus exigencias. Sin embargo, lo que si no solamente es posible, sino además obligado, es exigirle al huelguista, así como a cualquier figura pública que pretenda un momento de protagonismo en cualquier tema, sobre todo cuando son asuntos que por una razón u otra alcanzan trascendencia internacional, es ser consecuente con sus palabras y sus acciones, y que no esté proclamando promesas que no será capaz de cumplir. El precio de no cumplir con estos preceptos se paga demasiado caro, con pérdida de prestigio y credibilidad, cualidades humanas que no se recuperan fácilmente después de perderse.

 

Me interesa dejar claro también que, según todos los criterios respetables y profesionales que he podido consultar, resulta absolutamente imposible mantenerse vivo durante cincuenta y cuatro días sin consumir líquidos, como supuestamente habría sucedido con Guillermo Fariñas muy recientemente. Aparentemente, más de diez días sin consumir líquidos deshidratan al organismo de tal manera que conducen a la persona en abstinencia a una muerte segura o, en el mejor de los casos, la colocan al borde de la muerte.

 

Lo que plantea un primer dilema concreto a dilucidar, en el plano moral, pero también en cierto sentido hasta filosófico. ¿Hasta dónde se puede considerar que continúa existiendo una huelga de hambre y sed si el huelguista obtiene atención médica durante la misma, fundamentalmente recibiendo alimentación e hidratación a través de sueros por vía intravenosa?

 

No es lo mismo mantenerse absolutamente en huelga sin recibir alimentos ni líquidos que sostenerse con apoyo de medicamentos: en el primer caso, los límites fisiológicos de resistencia del cuerpo humano son muy específicos, pero en el segundo esos límites se pueden prolongar bastante, tal vez si no indefinidamente -no soy médico para expresar opiniones al respecto- al menos durante mucho más tiempo que en una situación de abstinencia absoluta.

 

En el caso de Guillermo Fariñas se trata de la segunda posibilidad, es decir, del huelguista que admite -y con antelación ha dado instrucciones al respecto- tratamiento médico mínimo para superar las crisis periódicas, en base a sueros intravenosos.

 

No se trata de que fuera deseable que el huelguista muriera sin ceder en sus reclamos cuando no se cumplieran los objetivos planteados con la huelga, sino de definir si se está enfrentando realmente una huelga de hambre y sed. Gracias a intervenciones médicas Fariñas pudo conservar su vida, y aunque en definitiva la decisión de comenzar esa huelga de “hambre y sed” fue enteramente suya, que no se haya producido un desenlace fatal resulta algo positivo desde el punto de vista humano.

 

Sin embargo, lo que plantea interrogantes legítimas es cuándo fue que el huelguista comenzó a recibir esos tratamientos médicos que le ayudaron a sobrevivir. Es decir, ¿cuántos días estuvo sin recibir alimentos y líquidos antes de recibir los primeros tratamientos? Porque si transcurrieron más de diez días antes de llegar al hospital para ser atendido, quedaría pendiente la interrogante de cómo su organismo pudo resistir todo ese tiempo sin un desenlace fatal, cuando parece evidente que más allá de los diez días es prácticamente imposible sobrevivir sin consumir líquidos.

 

Insuficiente transparencia

 

Si a eso se le suma que la anunciada huelga de hambre se realiza dentro de la casa del huelguista, y no a la vista de todos, lo que resulta peculiar teniendo en cuenta que en este caso el reclamante no está encerrado en una prisión lejos del escrutinio de periodistas y público, y si se considera además que la mamá de Fariñas es enfermera de profesión y vive en la misma casa que su hijo, lo que podría implicar que hubiera podido disponer de equipamiento médico y medicamentos para hidratar a un paciente, y que por lo tanto hubiera podido existir alguna posibilidad de tratamiento médico especializado para mantener la supervivencia, pero no conocido por el público que seguía las informaciones, se facilitan las condiciones para que puedan florecer las sospechas, no porque nadie basándose solamente en estos elementos tuviera derecho a señalar que la mujer del César no fuera casta, aunque sí podría alegar que en determinadas condiciones no lo parecería.

 

Por esa dirección atacó el régimen, aunque no solamente por ahí, y apareció una foto de Fariñas desfallecido en una cama donde en un extremo de la imagen se podía ver -como olvidada- una lata de Tropicola, la versión castrista de la Coca Cola, sugiriendo que el huelguista consumía ese producto y que, por lo tanto, la supuesta huelga de “hambre y sed” era una farsa.

 

Naturalmente, la foto puede haber sido trucada y la lata de Tropicola plantada -en tiempos de PhotoShop prácticamente todo es posible modificando una fotografía- y sabemos que el régimen no tiene escrúpulos para realizar acciones de este tipo, o peores.

 

Decir, como escribió alguien en un blog “anticastrista”, que no tenía importancia si Fariñas comía o bebía líquidos subrepticiamente, porque lo verdaderamente trascendente era que estaba golpeando al castrismo con su huelga, es una muestra de autismo político y justificación de cualquier disparate que no aporta méritos al anticastrismo, pero que contribuye con mucha efectividad a restarle credibilidad y fundamentos morales a la oposición antidictatorial. La estafa nunca puede ser una virtud, ni en la política ni en la vida, ejecútela quien la ejecute. ¿O sí?

 

Ese tipo de ataque de la dictadura con la lata de Tropicola, y esa justificación aberrante de una inmoralidad desde un blog que se manifiesta como “anticastrista” se hubieran podido evitar de una manera muy sencilla si la transparencia hubiera estado presente en todo momento: bastaba con realizar la huelga no en un lugar cerrado al escrutinio público dentro de la propia casa, como se hizo, sino en un espacio abierto a la comprobación, aunque fuera en la misma vivienda del huelguista si el régimen no permitiera hacerla en un espacio público, pero donde no fuera posible consumir furtivamente ni una lata de refrescos, ni un jugo, ni un simple vaso de agua o una taza de té, y muchos menos comida sólida, sin que alguna mirada observadora -o inquisidora- lo detectara. De esa manera, ningún montaje fotográfico podría conspirar contra el huelguista, al menos en la forma tan sencilla en que parece haberse hecho.

 

Pérdida de peso y masa muscular

 

Todo se complica mucho más cuando pasan los días y los días de huelga y el huelguista no solamente no muestra demasiado deterioro físico ni reducción significativa de su peso ni de su masa corporal, sino que a la vez responde entrevistas con una locuacidad y energía que no hacen pensar en alguien que llevara semanas sin probar bocado de comida ni sorbo de líquido.

 

En estos días, y alrededor de esta polémica, han circulado por el espacio digital las fotos del agricultor venezolano Franklin Brito, quien realizó una huelga de hambre contra el gobierno de Hugo Chávez en el 2010, huelga que mantuvo hasta fallecer, y el deterioro físico del huelguista, que recordaba macabras imágenes de los supervivientes de campos de concentración nazis, era evidente e impresionante. La piel se pegaba a sus huesos y era evidente que no existía casi ningún tipo de grasa en su organismo y la masa muscular era mínima. Al momento de su muerte, Brito, con una altura de 6 pies 4 pulgadas (1.90 metros) pesaba 35 kilogramos (76 libras) y llevaba semanas imposibilitado de moverse o de hablar. “Tenía insuficiencia respiratoria, pulmonía, hipotermia y daños en los órganos como el hígado y el riñón”, según declaró su hija poco antes de que él muriera.

 

Nada parecido al caso de Fariñas, que tras 54 días de “hambre y sed” en esta su huelga de hambre número 25, habla locuazmente, opina, comenta. No existe información sobre cuánta fue su pérdida de peso durante la huelga, aunque las secuelas de este ayuno no se notan demasiado en su cuerpo: ni la piel pegada a sus huesos, ni absoluta falta de grasa o masa muscular, ni inmovilidad física, aunque evidentemente tenga que estar debilitado tras ese esfuerzo de ayuno prolongado, aunque protegido por estabilizadoras medidas médicas en el hospital donde ingresaba cada vez que su estado físico se tambaleaba, lo que en esta ocasión ocurrió cinco veces.

 

Declaraciones insensatas

 

Hay que decir también que el mismo Fariñas, con sus declaraciones impensadas y sus inconsistencias, y las de sus colegas del llamado Frente Antitotalitario Unido (FANTU), dan pie para interpretaciones diferentes y cuestionamientos razonables sobre verdaderas intenciones del huelguista, aunque diversas interrogantes que se plantean nos resulten más o menos desagradables a quienes observamos este tema con interés y seriedad y no somos para nada favorables a la dictadura cubana.

 

Es totalmente ridículo y absurdo que Fariñas o el FANTU denuncien un supuesto plan para asesinarlo cuando se encuentre en el hospital -en algún momento hasta se afirmó que el macabro plan era obra del hijo de Raúl Castro- y, simultáneamente, pedir que cuando pierda el conocimiento por el prolongado ayuno sea llevado al hospital para recibir tratamiento.

 

Supuestamente, el momento más vulnerable de Fariñas sería cuando hubiera  perdido el conocimiento, por lo que pretender llevarlo al hospital en esas condiciones indica una de estas dos cosas: o que tanto él como sus compañeros tienen interés en que sea asesinado, y estarían facilitando las cosas a los sicarios encargados de la tarea, lo que no parece algo sensato; o que las supuestas amenazas de asesinato son falsas o no tienen la más mínima credibilidad: de lo contrario, al último lugar al que habría que llevarlo si hubiera perdido el conocimiento es al hospital, para evitar un “asesinato” supuestamente planeado.

 

En medio de ese contexto, plantear que no confiaba en ningún médico cubano en la isla y que quería que lo atendiera un médico nacido en Cuba que desde hace muchos años reside en Estados Unidos y además es alcalde de una ciudad de New Jersey, es una perfecta combinación de ridículo con payasada, y ninguna persona sensata se lo puede tomar en serio.

 

Como si cualquier galeno en Estados Unidos, independientemente de las connotaciones políticas que tenía esta propuesta delirante de Fariñas, pudiera simplemente tomar un avión y aterrizar en la isla con su maletín y su instrumental profesional y comenzar tranquilamente a ejercer en condición de médico atendiendo a un paciente que le ha llamado desde Santa Clara.

 

Lenguaje muy parecido al de los comunistas

 

Por otra parte, Fariñas debería evitar ese lenguaje ampuloso y falso, típico de los comunistas, que utiliza continuamente al hablar cuando ofrece declaraciones o responde entrevistas. En realidad ese lenguaje pretende simular una falsa modestia sustituyendo las expresiones en primera persona del singular con las del plural, cuando no tienen cabida. Así, en vez de decir “yo creo”, o decir “voy a explicar”, se recurre a decir “nosotros creemos” o “vamos a explicar”, cuando lo que se está expresando es la opinión de una sola persona, no la de un grupo o colectivo de la cual fuera vocero y que entonces sí justificaría tal lenguaje.

 

Cuando se dirige o coordina un Frente llamado “Antitotalitario” no parece una demasiado buena idea hablar con el mismo lenguaje y expresiones que caracteriza a quienes han implantado y mantienen a sangre, fuego y represión una brutal dictadura totalitaria contra la voluntad de su población. Resulta muy difícil hablar seriamente de antitotalitarismo utilizando un estilo de lenguaje típicamente totalitarista.

 

Cantidad de huelgas de Guillermo Fariñas

 

Otro factor a considerar es la cantidad de huelgas que se señala que han sido realizadas por Fariñas. Se menciona que esta que acaba de terminar ha sido la número 25, y duró 54 días. La anterior, en el 2010, duró desde febrero hasta julio, y condujo a que Fariñas fuera galardonado con el Premio Sajárov a la Libertad de Conciencia, que otorga el Parlamento Europeo.

 

Felicidades, Fariñas, por ese galardón y por haber puesto en evidencia el carácter represivo y dictatorial del régimen cubano, y que muchas personas supieran la verdadera catadura moral del castrismo. Todo eso resulta excelente y merece reconocimiento y aplauso.

 

Pero eso no puede constituir una patente de corso para cualquier cosa ni justificar ningún delirio de grandeza: considerar que esa huelga fue lo que llevó al régimen de La Habana a excarcelar a los prisioneros políticos de la Primavera Negra en el año 2010 (y desterrar a la gran mayoría de ellos hacia España junto a sus familiares), no es cierto. Y desconoce la gestión del gobierno socialista español y de la jerarquía de la Iglesia Católica cubana para lograr esa excarcelación-destierro, que al final resultó muy conveniente para lavar y maquillar la imagen internacional de Raúl Castro, pero que no tuvo nada que ver ni con la huelga de Fariñas ni con el Premio Sajárov.

 

La historia es como es, no como a cualquiera le gustaría que fuera. Pretender falsificarla no otorga méritos ni credibilidad a los falsificadores, sean castristas o anticastristas.

 

Y la cuestión de la cantidad de huelgas también constituye un punto a analizar. Se dice que esta fue la vigésimo quinta, y la del 2010 habría sido la vigésimo cuarta. ¿Qué sabemos exactamente de las 23 anteriores? No hay que ponerlas en duda ni rechazarlas, sino simplemente señalar que no se dispone de información suficiente sobre las mismas. ¿Cuándo, dónde, y por qué se realizaron? Y, sobre todo, algo demasiado importante para dejarlo de lado: ¿que se obtuvo en alguna de esas 23 huelgas anteriores? Sobre todo teniendo en cuenta que ni en la vigésimo cuarta ni en la vigésimo quinta Fariñas consiguió lograr algo de lo que reclamaba.

 

Cabos sueltos y equivocaciones inexcusables

 

Otro detalle que no contribuye para nada a la credibilidad del huelguista fue la aparición de una “hija” de Fariñas que desde Puerto Rico reclamaba a través de las redes sociales apoyo para su “padre”, a la vez que planteaba que él continuaría su huelga hasta las últimas consecuencias.

 

Posteriormente se supo que la hija del opositor no era tal, sino una sobrina. De nada valdría decir después de conocerse públicamente esa “imprecisión”, que más bien podría perfectamente ser considerada un engaño, que Fariñas quiere a su sobrina como si fuera su hija, o que ella quiere a su tío como si fuera su padre.

 

Nada de eso otorga relaciones legales de paternidad, y lo que en la vida familiar o social, o en conversaciones entre amigos o hasta vecinos pudiera resultar algo perfectamente aceptable con aquello de que “la quiero como si fuera mi hija” o “lo quiero como si fuera mi padre”, no tiene cabida en medio de declaraciones públicas alrededor de un tema que ha logrado alcance internacional y la atención de mucha prensa en el mundo. En el mejor de los casos, si no se desea hablar de una artimaña conciente por parte de Fariñas o de su sobrina, habría que señalar por lo menos que se trató de una irresponsabilidad mayúscula.

 

Cuando se mantienen posiciones públicas o se ostentan condecoraciones que colocan a la persona en el centro de observación y atención de muchos, hay que ser extremadamente cuidadoso con lo que se dice y con lo que se hace. Lo que para un hijo de vecino no tienen demasiada trascendencia, en boca de un Premio Sajárov tiene una importancia y magnitud diferentes. Y tanto lo que se dice como lo que se hace estará en el escrutinio de todos, más aun cuando se vive en un país donde existe un régimen dictatorial que tiene como misión  hacer todo lo que esté a su alcance para descaracterizar y desprestigiar a los opositores, utilizando tanto verdades como medias verdades o escandalosas mentiras.

 

Final confuso y demasiado abierto todavía

 

El final de esta historia llegó de manera abrupta y aparentemente inesperada durante el día número 54 de la huelga de Fariñas, cuando se anunció que terminaba su protesta al haberse logrado determinados resultados, aunque en ningún caso se trataba de alguna de las varias demandas que el huelguista había planteado al dar inicio a su vigésimo quinta huelga.

 

Se sabe ahora que se produjeron diferentes situaciones ambiguas que crearon confusión y engaño y supuestamente precipitaron el final de la huelga.

 

Según algunas informaciones ahora conocidas, aparecieron en internet dos páginas web pertenecientes supuestamente a la oficina en España del Parlamento Europeo, pero que en realidad eran apócrifas y falsificadas. En tales páginas, que desaparecieron del ciberespacio no mucho tiempo después, se señalaba que esa institución había aprobado en su pleno una moción con lo que se llamaría “Enmienda Fariñas”, que condicionaría las relaciones de los países de la Unión Europea con La Habana al respeto por parte del régimen de los derechos humanos y a la liberación de los prisioneros de conciencia. Además, aparentemente tales páginas señalaban también que el propio Fariñas habría sido designado asesor especial del Parlamento Europeo para temas cubanos.

 

Basado en esas informaciones, Guillermo Fariñas declaró que había decidido suspender su huelga de hambre y sed tras 54 días, y de inmediato la noticia circuló como la pólvora por los medios de prensa y las redes sociales. Aunque declaró que lo había hecho respetando la disciplina de su organización, que se lo había solicitado, ni su organización es tan extensa para tener esa influencia sobre él ni su líder es tan disciplinado como para obedecer tranquilamente tales requerimientos cuando hasta momentos antes declaraba que se mantendría en su posición “hasta las últimas consecuencias”.

 

Además, en la medida en que ofrecía más declaraciones, Fariñas iba cambiando su versión de los acontecimientos. En un momento declaró, sin tampoco abandonar ese lenguaje de comisario político que utiliza continuamente, recurriendo a la falsa modestia de hablar de “nosotros” refiriéndose a él mismo: “Nosotros supimos que se aprobaba la Enmienda Fariñas y yo era nombrado asesor del Parlamento Europeo. Levantamos la huelga porque consideramos que era una oportunidad que no debíamos perder, pero fuimos engañados”.

 

Posteriormente, la versión sería otra: “Nosotros habíamos tomado la decisión de dejar la huelga no por la enmienda, sino por la invitación que supuestamente nos había hecho el señor Martin Schulz para ir a hablar al Parlamento Europeo”.

 

Supuestamente, Fariñas habría recibido una llamada de una persona hablando en alemán, que habría dicho ser el socialdemócrata germano que preside el Parlamento Europeo, invitándolo a hablar en ese foro sobre la violencia contra los opositores en Cuba. “El tono era parecido al de Schulz”, dijo el huelguista, que asegura que lo conoce. Sin embargo, parece no haberle llamado la atención, tal vez por el debilitamiento de sus reflejos provocado por el prolongado ayuno, que Herr Schulz le hablara en alemán, cuando se trata de una persona que habla perfectamente el español. Otro elemento más para las especulaciones y las teorías de las conspiraciones, y que no hace ningún bien a la imagen de Guillermo Fariñas.

 

En la medida que se producían entrevistas y declaraciones el panorama se fue aclarando y se supo de lo apócrifo de esas páginas en internet, así como que en ningún momento el Parlamento Europeo aprobó -y ni siquiera discutió- una llamada “Enmienda Fariñas”. Igualmente se supo que no existió ni estaba previsto ningún tipo de nombramiento para Guillermo Fariñas en condición de asesor de algo en esa institución europea.

 

Sin embargo, la intención del Parlamento Europeo, o aun si fuera la del Pipisigallo, para detectar quien pudiera haber sido el autor de esas páginas digitales apócrifas no debe conducir a ningún resultado concreto: los delincuentes profesionales no acostumbran dejar muchas huellas sobre sus actividades ilegales que resulten demasiado fáciles de identificar.

 

No puede dejarse de tener en cuenta que cuando se contrastan algunas de las múltiples declaraciones de Fariñas, está claro que desentonan, por lo contradictorias que resultan. Según dijo primeramente el huelguista, al régimen le habría salido “el tiro por la culata” con el episodio de la huelga que entonces finalizaba, pero posteriormente declaró que “el que más gana con esto es el gobierno de Cuba”. ¿Cómo podría ganar la parte a la que le habría salido el tiro por la culata?

 

Naturalmente, puede alegarse que al momento de su primera declaración no se conocía del “hackeo” y falsificación de las páginas del Parlamento Europeo ni de la supuesta falsa llamada del Presidente de ese parlamento a Fariñas, pero de todas maneras, cuando todavía no tenía toda la información completa, y verificada por diferentes vías, proclamar una supuesta victoria frente a un régimen que se caracteriza por su capacidad para desinformar y confundir, y que no muestra un ápice de moral o vergüenza en acciones de ese tipo, es cuando menos precipitada y superficial.

 

Y, de nuevo, lo que para el vecino del apartamento de al lado puede ser intrascendente, en boca de un Premio Sajárov requiere de mucho más cuidado y meditación antes de realizar declaraciones de cualquier tipo, mucho más si se trata de proclamar inexistentes victorias propias y fracasos de un régimen que durante más de medio siglo ha demostrado su absoluta capacidad para manipular informaciones, diseñar estados de opinión favorables a la tiranía, y desacreditar opositores.

 

Una versión diferente

 

Ha surgido, simultáneamente, otra versión, que se suma a las tantas de las teorías de las conspiraciones, pero que no debe dejar de mencionarse, porque se refiere a la posibilidad de que no hubiera sido el régimen quien provocara o facilitara el final de la huela de Fariñas.

 

Según esos criterios, la huelga de “hambre y sed” del opositor estaba perdiendo prestigio internacional, debido a la prolongación del ayuno, la imposibilidad fisiológica de sobrevivir durante tanto tiempo sin consumir agua o algún tipo de líquido, y la falta de evidencias palpables de significativa y masiva pérdida de peso y masa muscular por parte de Fariñas después de más de cincuenta días de tal huelga.

 

Diplomáticos de la embajada de Estados Unidos en La Habana, senadores y congresistas de Estados Unidos y políticos europeos -América Latina, como siempre, en otro mundo, ajena por completo al pueblo cubano y a sus intereses- habían manifestado solidaridad con Guillermo Fariñas y su huelga de “hambre y sed”, y si por cualquier motivo se fuera a demostrar que tal ayuno no habría sido tan estricto como se suponía, aunque se conocía perfectamente de los cinco ingresos del huelguista en el hospital para ser hidratado y alimentado por vía intravenosa, el prestigio de muchas personas alrededor del “Coco”  podría verse erosionado y dañado.

 

Según esas teorías, fueron los patrocinadores del huelguista en Estados Unidos, y muy concretamente la Fundación Nacional Cubanoamericana (FNCA) de Miami, quienes fabricaron las páginas web apócrifas y las historias de un supuesto nombramiento de asesor en Estrasburgo, o de una supuesta invitación a disertar en el Parlamento Europeo, así como la llamada en alemán a Santa Clara para conversar -vía traductor- con Fariñas. Si el régimen tienen capacidad para realizar acciones de ese tipo, no puede desconocerse que la Fundación también la tiene.

 

De esta manera, quedaría un marco aceptable para suspender la huelga sin tener que llegar hasta “las últimas consecuencias” -lo que no parece que haya sido nunca una opción demasiado realista- y a la vez sin ridiculizar al huelguista por haber roto su compromiso en momentos de debilidad emocional o depauperación fisiológica.

 

Naturalmente, todo eso se mueve en el campo de la especulación y las suposiciones, así como las consiguientes acusaciones de que Fariñas era parte de ese proyecto de “retirada honrosa” y conocía todo lo que sucedería y cómo se presentaría al público.

 

Sin embargo, eso también quedaría a la especulación y las acusaciones sin fundamento: aún si fuera cierto, y no está demostrado, que hubieran sido los promotores de Fariñas en Estados Unidos quienes urdieron el tinglado para terminar la huelga, no necesariamente el huelguista tendría que ser conciente de lo que se tramaba, y en la medida que no lo supiera su actuación ante el engaño sería mucho más creíble y convincente que si lo supiera y tuviera que estar “actuando”.

 

¿Por qué entonces no aceptar que Fariñas no era cómplice de lo que se estaba gestando, y que en cierto sentido él mismo fue víctima de una jugada estratégica en la que lo menos  importante era él mismo y su propio prestigio?

 

La última majadería y el próximo proyecto

 

Los humanos suelen tropezar dos veces con la misma piedra. Algunos de ellos lo hacen muchas veces más. Y sin que les de pena o se avergüencen: los egos desmedidos padecen de tales síndromes.

 

Guillermo Fariñas acaba de declarar a la prensa española que “…me estoy recuperando físicamente de la huelga 25, pero psicológicamente estoy preparándome para la 26, porque sé que en un momento determinado el Gobierno cubano va a darme la oportunidad de hacerla, porque su esencia es reprimir”.

 

¿De qué se habla? ¿De la huelga por la huelga? ¿Se trata de esperar simplemente y con calma la primera oportunidad que el régimen ofrezca, dentro de su esquema represivo de siempre, para volver a las andadas?

 

¿Para demandar qué la próxima vez? ¿Cualquier cosa, o una catilinaria de reclamaciones absurdas imposibles de conceder aunque al régimen le interesara hacer algún gesto que considerara que le mejoraría su imagen internacional, aunque ese no sea el caso?

 

Fariñas parece ignorar que las rendiciones incondicionales las demandan los vencedores cuando los vencidos no tienen ninguna otra opción: los nazis frente a los soviéticos en Berlín, o los japoneses frente a los americanos tras dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, tuvieron que aceptar lo que se les imponía por la fuerza.

 

¿Qué fuerza tendría Fariñas para obligar a Raúl Castro y su dictadura a realizar algunas concesiones o complacer sus demandas? Y no vengamos ahora con aquello de que una idea justa desde el fondo de una cueva puede más que un ejército: para la retórica, ese concepto sería válido; para la realpolitik, no.

 

Lo mejor que podrían hacer Guillermo Fariñas y quienes lo siguen sería, en primer lugar, preocuparse porque el líder del FANTU recupere su salud, y simultáneamente, analizar seriamente y en detalles todas las experiencias que arrojan estos 54 días de huelga de “hambre y sed”, con sus luces y sombras, antes de estar anunciando próximos proyectos ni siquiera sensatamente pensados, que podrían resultar mucho más disparatados que los anteriores.

 

No hacen falta huelgas de hambre insensatas. Ni tampoco el hambre de huelgas, para buscar protagonismo, tiene que resultar necesariamente la maniobra más acertada.

 

En ocasiones puede constituir la peor de las estrategias.

‘Achinar’ a Cuba

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Por: Roberto Álvarez Quiñones

Tomado de: Diario de Cuba 

Caricaturas: Omar Santana

Si no la democracia, ¿cuál es el objetivo de Estados Unidos y casi todo el mundo occidental con las concesiones unilaterales al régimen de La Habana?

La respuesta es: achinar a Cuba. O sea, estimular a la dictadura a que realice reformas económicas “a la China” para hacer negocios con y en la Isla sin que importe necesariamente demasiado la falta de libertades y derechos ciudadanos, pues su ausencia no perjudica los negocios.

Es paradójico, pero el impresionante avance tecnológico actual parece exacerbar el pragmatismo y marca en materia política una tendencia a despojarse de principios “sentimentales” de siglos anteriores que pueden llegar a obstaculizar la obtención de ventajas económicas y geopolíticas. A eso agréguese el añejo axioma de que el capital, ideologías aparte,  va a donde está seguro y rinde buenos beneficios.

Hoy casi todos los países comercian con la autoritaria China o tienen allí fuertes inversiones. Ningún gobierno molesta a Pekín con impertinencias acerca de los derechos humanos. Y lo mismo sucede con Cuba. Los gobernantes que desean la democratización de la Isla no lo dicen demasiado alto. Nadie quieren perjudicar posibles negocios.

China es el mayor receptor de inversiones norteamericanas y de muchos países, y el mayor socio comercial de EEUU, que en 2015 importó de Pekin bienes por valor de 483,244 millones de dólares y le exportó $116,071 millones.

Las etiquetas “Made in USA” han sido sustituidas por las de “Made in China” a nivel global.  Cientos de compañías norteamericanas y de todas partes están asentadas allí. Allí pagan  salarios inferiores, producen a bajo costo y exportan a precios muy competitivos al planeta  entero. Con semejantes ventajas hacen la vista gorda en la violación de los derechos ciudadanos. La comunidad internacional ve esto como algo normal.

Con Cuba puede ser todo peor aún, ya que “el socialismo de mercado”, como lo llama el Partido Comunista chino, es demasiado liberal para la  Junta Militar castrista, y al menos por ahora no parece que vaya a ser implantado. Los Castro tienen otros planes, menos achinados y más fascistoides.

Híbrido de capitalismo y comunismo

El modelo chino es lo que más se acerca al que propugnaba la Teoría de la Convergencia en los años 60 y 70. Varios economistas occidentales, entre ellos el canadiense-norteamericano John Kenneth Galbraith (gran amigo del presidente John F. Kennedy), propusieron una receta salomónica para construir la sociedad ideal: tomar lo mejor del capitalismo y del comunismo, mezclarlo bien y conformar un sistema socioeconómico que conciliase la planificación central estatal con la propiedad privada y la competencia, bajo leyes y regulaciones estatales.

Hoy China cuenta con un híbrido inédito de capitalismo con comunismo, no imaginado por Marx o Lenin, que facilita la creación de empresas capitalistas en casi todas las ramas de la economía mediante un complicado sistema de leyes que también prohíbe las inversiones en sectores de “seguridad nacional”, como los medios de comunicación, que son propiedad estatal o se hallan férreamente censurados.

Al compás de la consigna de “enriquecerse es glorioso” del líder reformista Deng Xiaoping, ya en octubre pasado había en China más multimillonarios con fortunas superiores a los mil millones de dólares que en Estados Unidos (596 y 538, respectivamente). En 2015, la ciudad de Pekín contaba con más cantidad de ellos que Nueva York (100 y 95 superricos, respectivamente).  Los 75 diputados chinos más ricos (algunos con más de $6,000 millones cada uno) superan los valores conjuntos de todos los congresistas de EEUU.

Sin embargo, sigue vigente en el gigante asiático una macrocefalia estatal intervencionista en el ámbito económico. El Estado posee casi todos los grandes bancos, las tres principales entidades petroleras y las tres empresas telefónicas. También el Gobierno planifica centralmente la economía, sobre todo en la industria pesada, la energía y las infraestructuras, a la vez que descentraliza las decisiones a nivel local. Pekín no admite que el mercado es superior y sostiene que un plan estatal es clave para el crecimiento.

Diferencias entre las dos dictaduras

Pero entre China y Cuba hay notables diferencias. El coloso asiático es la segunda mayor economía del planeta, tiene 1,374 millones de habitantes y dispone de un cuasi infinito y sediento mercado interno, en constante expansión. El país es dirigido por un Partido Comunista militarizado y no por un par de hermanos.

China es una nación oriental sin antecedentes democráticos, que durante miles de años ha vivido bajo regímenes autocráticos y dictatoriales. Tras caer la última dinastía imperial, la Qing,  en 1912 el líder político Sun Yat Seng  quiso establecer una  democracia moderna y fue elegido presidente de la primera república de la historia china. El intento democratizador apenas duró unos meses. Aunque la república continuó, no hubo democracia alguna. Sucumbió en 1949 con la llegada al poder de Mao Tse Tung y su Partido Comunista.

Cuba es una nación pequeña de apenas 11 millones de habitantes, gobernada como una finca  privada por la familia Castro y un grupo de militares. Está ubicada en el corazón de Occidente, a escasos 140 kilómetros de EEUU, la mayor y más antigua democracia de la modernidad (en el siglo XVII en Inglaterra se instauró una monarquía parlamentaria, pero con el rey como jefe del  Estado).

La familia “real” de los Castro y su Junta Militar dirigen a capricho la nación, controlan hasta la vida personal de sus habitantes, y han decidido que serán ellos los únicos protagonistas económicos y políticos en el modelo neocastrista de capitalismo de Estado que van a establecer a partir de 2018. Quieren que los únicos ricos en la Isla sean los miembros de la dinastía y los militares más leales a la familia. Y punto.

A los cuentapropistas les dejarán una participación marginal en el mercado doméstico, la prohibición de importar y exportar, la prestación de precarios servicios típicos de la Edad Media  e impuestos y barreras legales para impedir que sus negocios crezcan y se vuelvan competitivos.

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Presionar en vez de obsequiar

Tales planes en nada se parecen a los chinos. Tal vez Obama y los estadistas que hacen concesiones a Cuba lo saben, pero esperan que los “reformistas” de la élite castrista presionen  y logren la realización de reformas profundas de mercado. Esa expectativa no parece viable. Lo previsible es que las concesiones a la autocracia cubana coadyuvarán a que la dinastía marxista (y valga la ironía) y los militares consoliden su monopolio económico y se perpetúen en el poder más cómodamente, sobre todo si se levanta el embargo norteamericano.

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Y todo esto sucede precisamente cuando el régimen es más débil y vulnerable que nunca y hay posibilidades reales de presionarlo para que abandone su jurásico inmovilismo y mueva ficha. Debido a la crisis devastadora en Venezuela han disminuido drásticamente los subsidios y las entregas de petróleo gratuito, y Cuba está abocada a un nuevo Período Especial que se ensañará con su ya muy pobre y desesperanzado pueblo.

Aun cuando Rusia aceptase el pedido de Raúl Castro de suministrar petróleo a bajos precios y facilidades de pago (cosa que no es muy segura), Cuba va a depender cada vez más de los miles de millones de dólares y otros recursos que le llegan anualmente de EEUU, de mil maneras. Es un error de Washington no aprovechar esta coyuntura para que los Castro hagan concesiones a su pueblo a cambio del salvavidas político que le están lanzando.

Por lo demás, el achinar a Cuba no se vislumbra en el horizonte, al menos mientras vivan los hermanos Castro.